8. NUDOS
I
Admiras un cuerpo,
desde el sigilo,
desplegado en la pureza
y el erotismo.
En buena hora, una fibra,
en forma de tortuga, proyectas:
¿serás correspondido?
II
Algunos patrones se entrecruzan,
en otros crece un espiral.
Pero todas estas ataduras,
custodian tu sonámbulo corazón.
III
Un gran aro líquido,
que se debate cada noche boca arriba,
pondera las heridas y perdona
mi tejido sin bordes.
IV
Un lazo de luz entra en la boca.
Yacemos. El cuerpo en fricción
se desnuda, yermo en llamas.
V
Hacedor de cuerdas,
es lo inconcebible
lo que te anega de luz.
VI
He aquí, que la inmensa argolla
por encima de nosotros
suspendida, clausura,
con suspiros,
la noche minúscula
y abre paso a lugares
que antaño desconocíamos.
VII
Una adherencia potente y fatigosa
−patrón de tortuga−: delicia del yute,
por primera vez.
VIII
Las cuerdas, sus más tranquilos
sueños,
y los intrincados espejismos anudados,
dan gemidos de violonchelo.
IX
Anudados, y desanudados,
nuestros corazones cuelgan
de giros de abrasión.
X
Los astros sobre el tejado,
de soledad en soledad,
salpican una esperanza
en el dominio de las tempestades
—púa voraz, época sexual—,
para tensarnos.
XI
Sobre las manos en oración,
que dejan impresas su pureza,
lágrimas de lira y de púa,
a dúo con el canto de tortuga.
XII
Liras de cuerdas tercas,
mezcladas con nudos,
por los que gravitamos,
para refutar de un golpe
nuestra loca pretensión.
XIII
Y en el rombo de punta afilada,
una frente descubierta
hacia la historia.
Así procede la vida
mediante la hebra.
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