56. LA PIEL DE RUBENS

 

Las pasiones ciegas, el placer;

las luminosas debilidades de la carne;

la instintiva añoranza de la razón;

 

la vitalidad,

el deleite

y el encantamiento del claroscuro;

la instintiva añoranza de la razón;

 

el espíritu gozoso,

la carne prodigiosa

de una apenas oculta desnudez;

 

una mitológica belleza

de una Venus púdica;

la instintiva añoranza de la razón;

 

la roja alfombra,

la blanca espontaneidad

de una tela

y la dulce animalidad de la piel;

 

la sensualidad

de una rizada cabellera;

la rubicunda, nacarada curva,

teñida de leche y de sangre;

 

ambos brazos

no tratan

de cubrir

la táctil y tenue textura de la desnudez,

 

sino de elevar

el suave blanco vientre

y de empujar

exquisitamente los pechos;

 

la dulce,

brillante

mirada;

la instintiva añoranza de la razón.


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