43. CHISMES
I
Se llevó la barca,
sigilosa,
el río que embobaba
al puente.
II
La casa paterna,
la jornada
en que se paseaba en
la nieve,
como un lobo
hambriento, al ocaso,
cuchillo en mano,
cifras entumecidas,
acumuló ventiscas
y se hundió en la
memoria.
III
¡Espantoso! Cuando
estaba a punto de brotar,
grávida, por el
cúmulo de rojas frustraciones,
la hoja abolió la
estrella más pequeña.
IV
Proust y Capote,
rumores sobre
rumores,
de boca en boca.
No otra fue su
intención.
Deslumbramiento de
alambre de púas,
mar audaz sobre la
arena,
labios que rompen
en fuego fatuo,
verdadera
literatura.
V
-Penumbra de la alborada,
¿asomará aún sus
castañas y juveniles alas?
Una vez que hubo cantado,
¿por qué no volví
a oír su trino?
Oh ave migratoria,
¿dónde escuchar,
nuevamente,
tu silbido y
borboteo?
Sin sombra divisible,
un pozo oscuro se
escarchará
sobre mí, durante
toda la noche,
extraviando los puntos
cardinales
y no tendré ya
consuelo.
Así la copa del arbusto
extraña al
ruiseñor
hecho cenizas en
el rosal.
VI
El relámpago lamenta
del trueno su ausencia;
zigzagueante soliloquio,
que exhibe infecundo.
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