42. LIBERTAD
Hacía un día
espantoso y no se podía salir a la calle.
Criatura arrojada,
sin palabras,
escucha el día
nuevo con la forma de un vaso.
Bebe de este anhelo.
Planes o
ambiciones frustradas,
optamos sobre el
pedregal.
Mañana iremos al
campo si no llueve.
Colmarse de un
extenso manto nuboso capaz de dar respuesta,
para que tu queja
matinal alce su cántaro.
Los árboles de la
niñez no cambian;
enfilan la
memoria,
como una frontera,
manantial abajo.
Al contrario, las
opciones, tras malcriarnos,
se marchan sin
despedirse.
Era necesario que
tu alma abdicara.
Andábamos en el
deshielo de la avidez,
dirección a un
grito extraviado,
desposeyéndonos,
afiebrándonos.
Admítelo: nos
precipitábamos.
No obstante, ahora
seguimos
extraviados, pero no abandonados.
Comentarios
Publicar un comentario