40. PIEDRA ANGULAR
Si sobre el abismo
el manantial
se vuelve estéril
en el archipiélago,
prolongando
gélidos telares insondables,
soterrando al
grano o al gallo, hilvanados;
si el cimiento de
la oscuridad,
mano a mano,
levanta su cruz,
en la ribera de
las huellas dactilares
y en el desánimo del
destello,
y te vuelves leve,
bostezante;
si nuestras vacías
y deterioradas preguntas,
han perdido la
oportunidad de refundirse
en la corriente de
los ríos ondeantes,
a lo largo de los
tímpanos inundados;
si los troncos
huecos de las recriminaciones,
se vuelven rutas de
desdeñadas langostas;
si las sendas de
un naufragio ves perderse
en la espaciosa bruma,
de soslayo o contra sí;
entonces, ¡oh
rebelde! tras tres golpes,
levanta y consagra
allí tu morada.
En la pesadez de
aquella sombra,
la piedra arrojada
creará belleza.
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