39. NO OLVIDES REGAR LAS PLANTAS

 

No olvides regar las plantas que hay en la terraza.

(Definitivamente, te vuelves solitario.)

 

La mandrágora testimonia la vocación

de malvivir.

 

Tu tallo desprendido del gran aliento,

por haber amado un sendero tupido,

carnoso anhelo de vegetación lúcida;

hoy, atardecida esterilidad del estambre.

¿Sabremos cuándo hayamos acabado?

 

Voy hacia el abismo, en el filamento.

Le hago el quite al abedul.

Mi alma de nada sirve ya para esta época. Opto

por los huidizos, palpitantes boldos, que saben a amargas lágrimas.

 

¡Qué en la hoguera retoñe la ruda contra el verdugo,

pues toma tiempo el purgatorio! 

 

Habiendo amado las plantas, piedad para nosotros.  


Comentarios