31. MI OSCURO OFICIO

 

He aquí que soy terrible

 

y soy inestable. 

 

No me estoy quieto 

 

y busco ser más breve.   

 

 

He aquí que el extraño, 

 

otra vez esclarecido, 

 

recogió los fragmentos del libro 

 

y se hizo ciego…   

 

 

De nuevo sombras 

 

reencendidas sobre la hierba, 

 

a la luz de la luna 

 

o sobre el mar impreciso.  

 

 

He aquí que gruñe el pozo 

a la primera marea. 

 

Esta es la hora al desnudo, 

 

rodeando el balneario de ayer.   

 

 

He aquí que la palabra 

 

se ofrece a todos, 

sin pretender ser recogida 

e invisible todavía.

 

 

Y puesto que el mutismo aproxima, 

la palabra es buscada, 

pero no es poseída, 

en este, mi oscuro oficio. 

 

 

Permaneciendo difuso,

 

he aquí el magnetismo, 

los malentendidos errantes, 

los pasos absurdos.


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