18. SILBIDO

 

La noche se aproxima.
Al descuido dejo atrás
las ventanas abiertas,
de par en par, veladas,
iluminadas de amarillo,
de una casa hueca. 
 
Un silbido que adormece,
¿en este atardecer menguante,
azotará el viento,
mi viejo confidente?
 
Solitario, me siento
en un banco de la plaza,
a menudo, a contemplar
las nubes teñidas de rosa.    

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