14. ALLENDE, 1973

 

Más allá de, de la parte de allá, al otro lado, donde los muertos se sublevan, casi. Y el aleteo de pájaros trepa el muro en añicos. Nada sobrevivió, hasta el siguiente siglo…

 

Desembocaste rosa roja sobre América, mortalmente herida. Hubo que arrancarla. ¿Quién ha morado la peor hora? Sólo tú, horizonte cristal de anteojos, cráneo cobrizo destrozado. ¿Y quién pronunció la sentencia? El perro viril y la jauría de Kissinger.

 

¿Nos interpelará el olvido a hundirnos en años ilegibles? ¿Se curvará finalmente la proeza hasta reencontrarse? “Colocado en un tránsito histórico”, que era futuro y fue fracaso, pero en caso alguno capitulación.

 

Sobre la herida la palabra “amor” y la palabra “juventud”. Pero la palabra “fusil” se degrada.

 

El salón amargo en extrema luz se diluye en hormigón y se enmascara en archipiélagos, junto al musgo de oscuras, anónimas tumbas.

 

Pero los vástagos aprenden a jugar de ningún modo tarde en la roñosa niebla y nos roban el aliento.


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