11. ODA A OLGA ACEVEDO

 

Para seguir adjudicando los lenguajes,

naciste del propio porvenir y de todo mensaje,

hacia lo penetrante, Tú. 

 

Es boca alborotadora tu inmediación pujante

de artefactos silenciosos y esotéricos.

 

Ahora que la benevolencia respira por un instante,

es caída sobre rosas en los mundos tu poema,

para que podamos exclamar, en un soplo,

todo cuánto se nos ha ido.

 

¿De dónde vienes, bebedora,

hermana de nostalgias,

con las uñas incendiarias?

 

Escucha a quién devuelves la vida…

a quien odia del mundo su coreografía.

 

Nunca hallaste desamparo en nosotros, somos

tus espigas en la sangre; no te murmuramos,

sino que te arrojamos copiosamente en un caudal

hacía dentro…

 

Precedes nuestros ensueños, tornas

tu deseo hacia la pampa y el océano,

y abandonas al mundo en duermevela.

 

La irregularidad es mocedad en tu liviana espesura;

no se mantiene lejos, acaso retorna como ventisquero:

es flecha que no se tarda.

 

¿Se enardecerá en ti el deseo de eventualidad

y cada peldaño de tu tramo trasladado

y todas las fisonomías desinterpretadas

de tu revoloteo, te transportarán

y te transparentaran en un mismo estremecimiento?

 

Hilarante retoño de la oda febril, Tú,

abjurarás del ciclópeo enmohecimiento,

donde los solsticios coagulan uno a uno,

mientras el daño oscurece como petróleo

en una dura gema inquebrantable: el caos…

 

Es tu régimen que se había cincelado en nosotros,

entre centollas y canelos, de minerales devueltos

a la tierra, descendiendo en lo hondo, invadido

en abismos que preceden extravíos.

 

La excelente nube de tu inspiración, cábala

de los ensueños, en la intemperie pertenecerá

a la luz, encandilando a quienes nos mienten.

 

 Que la renovación inscrita sea a la vez gema y melodía,

y la asignatura de nuestra geografía, por las vías del sur

vaya hacia el sur del tiempo.

 

Así va mi cariño, abundante.

 

No importa a dónde vaya,

en este quebrado canto,

con tal de que pueda exteriorizarte.

 

Ya no se concilian quienes, en frágil heterodoxia,

abandonan su atavismo, en el ofrecimiento

de las atañidas trampas, y no seden a ti,

no se deshielan. 

 

El desahogo que transita es mi devoción por ti, Tú.

 

Dibujas el anhelo y en seguida lo postergas.

 

Predominas sin arrebatos, fragmentando todo suspiro.


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